Lamias (I de III): Las hadas vascas

En el folklore de Centro Europa aparece, cobrando especial protagonismo, la figura de las ninfas habitantes de bosques, pero casi siempre relacionada con los arroyos, estanques, lagos y ríos. Estos seres, las hadas, son personajes de sexo femenino, bellas por lo general y evocadoras de diversas ensoñaciones.

El folklore euskaldun posee sus propias hadas, son las llamadas lamias.
La lamia vasca posee una figura antropomorfa y sexo femenino, pero sus pies en realidad son patas, por lo general de ave. Destaca en ellas su belleza, que enamora a los humanos. Es, como hada clásica, noble, poseedora de inusitado poder y fecunda filosofía.

lamia

Son muchos los que dicen haber visto lamias, pero menos los que coinciden a la hora de describirlas. Así, refieren en Berriz, Bizkaia, que las lamias sólo tenían pelo en la nuca, contradiciéndose con la creencia general de que poseen una larga y rubia cabellera. En Bera, Navarra, aseguran que el color de su piel es oscuro como el cobre.

Es también creencia generalizada que las lamias no son excesivamente malignas en su trato con los humanos, aunque tomando siempre las debidas precauciones, por si acaso. Además, en repetidas leyendas se observa cómo la astucia humana consigue vencer la malignidad de los genios.
Aunque no siempre han salido bien parados los humanos en su trato con las lamias. Porque a una joven hilandera que pasaba de noche cerca de la cueva de Saillegunta, las lamias le dijeron que fuese más por allí. Como la joven no cumplió la orden, a la tercera noche fue arrebatada por los genios. De ella nunca más se supo. Tan sólo aparecieron en el lugar de los hechos las cuentas de su rosario.

LamiaExisten varios métodos, amuletos y astucias, ideadas para preservarse del secuestro de las lamias. Algunas leyendas hablan de ello. Por ejemplo, a un hombre que pasaba cerca del caserío Berraun, en Ataun, dos lamias salieron a su encuentro con malévolas intenciones. Una de ellas le dijo a su compañera “Agárrale, agárrale” pero la otra respondió “Agárrale tú. Ahí tiene ese, puesto por su madre, ruda y apio”.

Hay infinidad de leyendas en torno a las lamias. Crecí rodeado de ellas, mirando en los ríos, buscándolas, deseando que no me secuestraran, a la vez que sentía curiosidad por conocerlas. Son, probablemente, uno de los mitos euskaldunes más conocidos.

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