Errege Eguna

La fiesta de los Reyes Magos es una celebración cristiana, instaurada por la Iglesia de roma como manifestación de la divinidad de Cristo.
La celebración de la fiesta de los reyes Magos, al contrario que la Navidad con Olentzero, no posee un elemento diferenciador que la sitúe en tiempos anteriores al cristianismo. Desde que la religión tomó cuerpo en Euskal Herria, la noche de Reyes se convirtió en una buena ocasión para el intercambio de regalos. La costumbre nórdica (Nöel) de adelantar los regalos a la Nochebuena, no consigue cuajar del todo.

127Desde el principio, algo de la tierra dio peculiaridad a esta celebración. Por eso, desde hace muchos siglos, la noche de Reyes se han echado las cartas en familia. Si a un varón le salía el rey de oros, él era considerado el rey de la casa hasta el año siguiente. Y la reina era una mujer, pero tenía que salirle un as de oros. En muchas familias había un sitio dispuesto para Cristo y la Virgen María, que por mano de algún miembro de la reunión, participaban en el sorteo. Los niños anunciaban a gritos desde las ventanas, para que fuese de dominio público, quiénes eran el rey y la reina. Luego comían algo apetitoso a salud de los “monarcas” y tocaban el cencerro, gritando “Biba errege, biba erregina” (Viva el rey, viva la reina).

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La leyenda del delfín

IMG_20141012_0004La leyenda del delfín, con diversas variantes, viene a demostrar el respeto que el pescador vasco ha sentido siempre por aquel animal. Es tradicional la creencia de que los delfines han guiado a los pescadores hasta los bancos de pesca. Pero también que traía muy mala suerte matar a alguno de ellos.
Lo negativo de los delfines era, empero, que con su actitud juguetona en torno a los barcos, causaban grandes destrozos en la redes. Por eso, según cuenta la tradición, antaño los pescadores hicieron un trato con los mamíferos acuáticos. Ellos guiarían a los humanos hasta los bancos de pesca, pero a cambio los pescadores habían de darles una parte de la captura recogida.
Así transcurrió el tiempo, cumpliendo cada cual lo pactado. Hasta que, en cierta ocasión, un pescador se negó a dar a los animales la parte de pesca convenida. Tan cabreados se sintieron los delfines, que avisándose unos a otros, formaron una gran bandada y la emprendieron violentamente contra las redes de aquel informal, destrozándoselas por completo.
Añade la leyenda que desde entonces, ni el propio pescador que faltó a su palabra, ni sus descendientes, han logrado cosa buena al salir a pescar a la mar. Porque los delfines, año tras año, generación tras generación, acuden a romperles las redes. Y eso sucerá hasta el final de los tiempos.

La leyenda de las gaviotas

IMG_20141005_0001Según cuenta una leyenda procedente del pueblo bizkaino de Ea, hubo antaño un viejo pescador que cada día solía ir a pescar a los acantilados próximos al antiguo cementerio. En cierta ocasión, cuando estaba preparando las carnazas que después colocaría en los anzuelos, se le posó al lado una enorme gaviota y le arrebató buena parte del cebo. Muy enfadado, el hombre juró vengarse del ave.
Para ello, otro día colocó una hermosa carnada en un anzuelo y escondido tras unas rocas, aguardó la llegada de la gaviota. Ésta no sólo no se hizo esperar, sino que cayendo en la trampa, tragó fatalmente el anzuelo. Es pescador, sonriendo, la atrapó con facilidad y le arrancó la cabeza, culminando su venganza.

Aquella noche el pescador tuvo una pesadilla, en la que era atacado por una bandada de gaviotas, que querían vengar a su compañera muerta.
Al día siguiente, el hombre volvió a las rocas a pescar como cada día. Peso se inquietó al ver una bandada de gavotas posadas sobre el muro del cementerio. Pensó en salir corriendo de allí, pero en vez de eso arrojó una piedra a las gaviotas. Al ver que alzaban el vuelo y se alejaban del cementerio, bajó por la senda que conducía a la orilla del mar.
Descendiendo por el camino tropezó con una piedra, cayó al suelo y quedó inconsciente, tumbado boca arriba. Fue entonces cuando la misma bandada de gaviotas, regresando amenazadoramente, fue a posarse sobre él y a picotazos le arrancaron los ojos y le destrozaron el rostro. Más tarde, cuando las aves se hubiesen ido, una gran ola empujó el cuerpo contra los acantilados.

Lo que trajo la mar

La tradición marinera de la costa vasca recoge también la creencia de que la mayoría de las imágenes sagradas, veneradas por los pescadores, llegaron flotando en la mar a sus diferentes puertos.

IMG_5484Este es el caso de la talla de Santa Rita y Santa Quiteria, encontradas en la mar y llevadas a San Sebastián hace muchos años. De ella se dice que bien pudo ser el mascarón de proa de algún barco, desprendido durante una tempestad. El día 22 de Mayo, festividad de Santa Rita y Santa Quiteria, se celebra una fiesta en el puerto donostiarra y se coloca a las santas sobre un altar.

Sin embargo, la más famosa de todas las imágenes encontradas en la mar es la de Santo Cristo de Lezo (Gipuzkoa). Por esta talla del siglo X y estilo bizantino, han manifestado especial devoción los bacaladeros de Pasaia, antes de iniciar sus campañas hacia Terranova.
Del Cristo de Lezo se cuenta la leyenda de que apareció, dentro de un cajón, flotando en las aguas de la ría de Pasaia. Y se añade que, de inmediato, surgió una disputa entre los vecinos de del mismo Pasaia, Lezo y Renteria, sobre en cuál de las tres poblaciones sería instalada la valiosa imagen. Pasados unos días, sin haber llegado a ningún acuerdo, el cajón volvió a ser abierto pero el Cristo había desaparecido. Se inició entonces una laboriosa búsqueda, que dio como resultado la aparición de la imagen desaparecida, clavada al pie del monte Jaizkibel, en el término de Lezo, quedando evidenciado que el deseo del Santo Cristo era que lo instalasen en aquel lugar.

Creencias y supersticiones marineras

La religión cristiana ha influido más en la mentalidad del hombre de mar que en la del de tierra adentro en Euskal Herria. La mayoría de embarcaciones de pesca vascas han poseído nombres de santos, de vírgenes o de cristos, venerados en las poblaciones a que pertenecían sus tripulaciones.

IMG_3944Ha sido asimismo muy tradicional el rezo antes, durante y después del trabajo en la mar, especialmente en el transcurso de una galerna, o en momentos de grave apuro. Los pescadores de Hondarribia, por ejemplo, se encomendaban a la Virgen de Guadalupe. Los de Pasai Donibane al Santo Cristo de Bonanza. Los de Getaria, a San Prudencio. Lo de Lekeitio a Nuestra Señora del Rosario. Pero casi todos, de forma general, dirigían sus plegarias a San Pedro.
La religiosidad del marinero euskaldun ha quedado patente, además, en una larga serie de costumbres, entre ellas la de bendecir sus barcos en el momento de ser botados. Este acto lo dirige un sacerdote, quien además de rociarlo con agua bendita y recitar en latín un trozo del Evangelio, dirigía una plegaria a San Pedro.

De primordial importancia en la vida de las poblaciones costeras vascas eran las campanas de iglesias y ermitas. Con ellas se daba una señal sonora a los pescadores en días de niebla. En Lekeitio taían las de la parroquia y la de la ermita de San Juan. En esa ermita se decían muchas misas dirante el invierno, por encargo de los familiares de los pescadores. Además, cuando rugía el temporal, solían ir desde la parroquia hasta la ermita el cura y buena parte de la población, cantando letanías para calmar la tempestad. Con frecuencia, los devotos arrojaban monedas a través de la reja de dicha ermita; costumbre que se ha observado en todas las poblaciones del litoral y en buena parte de las del interior.