Errores

Últimamente me encuentro pensativo. No dejo de darle vuelta a errores míos y ajenos. Todos cometemos errores y muchas veces somos plenamente conscientes de ellos. Generalmente sabemos que algo que hacemos está mal, pero ¿qué pasa cuando no es así?

En los últimos días estoy siendo testigo de una serie de decisiones que están haciendo más grande una bola que podía haberse parado. ¿Es mejor hacerlo saber y arriesgarse a un enfado? Es más fácil ser testigo de un error ajeno que juzgar uno propio, es algo casi inevitable. Pero en momentos en los que la respuesta correcta parece tan obvia, ¿está realmente ciega la persona en cuestión?

Supongo que, a fin de cuentas, lo único que podemos juzgar son errores propios. Pero a vosotros, ¿os gustaría que os lo dijeran?

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Justo delante

¿Nunca os ha pasado que tenéis justo delante lo que queréis? A veces nos quedamos absortos en cosas que no tienen importancia pero que nos afectan por la circunstancia en la que estamos. Sí, es difícil discernir lo realmente importante. Es por eso que me he parado a pensar en lo que tengo justo delante pero mis ojos parecen no ver.

En los últimos años mi vida ha cambiado. No todos los cambios han sido buenos, pero en general el balance es positivo. En un día en que estoy especialmente pensativo, dando vueltas a lo que se quedó en el camino, intento darle la vuelta para centrarme en lo ganado hasta ahora. Cosas que tengo justo delante y que al darlas por hecho, parece que suman menos.

¿Por qué parece que siempre estamos esperando algo, sin tener en cuenta lo que ya tenemos?

Consejos para escribir un libro II

La semana pasada, en la primera entrada que hice sobre esto, os hablé de la forma en la que me organizo para hilar la historia e intentar evitar que haya incongruencias en la narración. Hoy voy a hablar sobre lo que considero más importante y complicado: Los personajes. Con solo leer una frase, el lector tiene que saber quién la está diciendo y eso es difícil de conseguir.
Los principales llevan el peso de la historia, pero los secundarios son igualmente importantes y, a veces, incluso más interesantes. En mi caso, la forma de trabajarlos es la siguiente:

Hago un documento dedicado a ellos en exclusiva. Apunto los rasgos más importantes de cada uno, tanto físicos como de personalidad. Frases típicas que en mi mente imagino que dice ese personaje.
En la narración, intento centrarme en sus personalidad y ponerme en su lugar: ¿Qué pensaría esta persona sobre lo que está pasando? y, en base a eso, construyo los diálogos.

Sin duda, construir los diálogos y jugar con las personalidades de los personajes para hacerlo, es la parte que más me divierte.

Sombrerero Loco

Que El Sombrero es un personaje de Alicia en el País de las Maravillas no es nada nuevo. Que me encanta el universo creado por Lewis Carroll no es ningún secreto.  Es un personaje alegre y excéntrico al que le gustan las fiestas de té. Recuerdo que cuando vi la película animada de Disney siendo pequeño, era un personaje que me hacía mucha gracia y, ya de adulto, cuando vi la versión de Tim Burton, me quedé fascinado por la estética no solo del personaje sino del universo entero. Ese año me disfracé en carnaval de este carismático personaje y hace poco decidí hacer un dibujo suyo, que os enseño en este post.

Estas son algunas de las frases que el personaje dice en la película:

  • No estoy loco, sólo que mi realidad es diferente a la tuya.
  • A veces, para siempre es sólo un segundo.
  • Si conocieras el tiempo tan bien como yo, no hablarías de perderlo.

Pero, ¿Qué se esconde detrás de estas frases? Las reflexiones son significativas y dejan ver una idea clara: La necesidad de no preocuparse de la opinión ajena. ¿Necesitamos no hacer caso del qué dirán para poder conectar con nuestra esencia? ¿Existe algo como la “muchedad” de la que habla en la película?

Consejos para escribir un libro I

Para empezar, quiero aclarar que solo voy a hablar de mi experiencia. No quiero que parezca que esta es la única forma de hacerlo. Como me dijo una vez un pintor: hay tantas formas de hacer un cuadro como pintores.

Como no me dedico profesionalmente (ni en exclusiva) a escribir y editar novelas, me parecía interesante compartir con vosotros algunos consejos basados en mi experiencia. Este post tendrá varias partes y en la primera de ellas voy a abordar lo que considero que es lo más importante en un libro: Hilar la historia.

Parece obvio, ¿verdad? una historia tiene que estar bien pensada. Pero es vital para que no haya incongruencias. Por ejemplo, si dos personajes que a priori no tienen química van a acabar juntos, es mejor ver la evolución durante varios capítulos y no encontrarse de golpe con eso. En mi caso, con todas mis novelas he seguido el mismo método: un esquema.

Me hacía un documento poniendo ideas básicas sobre el principio y el final y, en base a eso, iba pensando qué tenía que pasar en cada capítulo para llegar ahí. Las historias secundarias también las dejaba anotadas, para que todo fluyera con sentido y no hubiera nada “raro” para quien la leyera después. De esta forma, ya tenía dibujada a grandes rasgos toda la historia y sabía a qué ceñirme en la redacción de cada capítulo.