Ya a la venta la edición digital de Akelarre!

Portada CreateSpaceLa edición digital de Akelarre ya está a la venta para todos los dispositivos Kindle! Es el primer volumen de una serie de 3 libros, titulada ‘Las Brujas de Donezabal’. Magia, brujas vascas y lucha entre el bien y el mal mezclada con el folklore de mi tierra.

Podéis haceros con vuestra copia aquí: http://www.amazon.es/dp/B01HV3TFZY

Para los que no tengáis Kindle, podéis descargar las aplicaciones de lectura gratuitas desde este enlace: https://www.amazon.es/gp/digital/fiona/kcp-landing-page

Akelarre participa en el tercer concurso de autores indies de Amazon. Espero vuestras opiniones!

Akelarre – Sara

SaraSara se fue del pueblo con su madre de niña y nunca le hizo gracia volver. Promete a su madre en el lecho de muerte que irá en el solsticio de verano pero que será la última vez. Nada le hizo pensar que no podía estar más equivocada.

Es el miembro más poderoso del Akelarre. Pelirroja como el fuego y los ojos azules como el mar, tiene la habilidad de controlar los elementos (agua, aire, fuego y tierra).

Akelarre – Gorane

GoraneGorane estudió Psicología y trabaja en un centro ayudando a jóvenes problemáticos. Es una persona competitiva y exigente.

Morena de y de ojos verdes, tiene la habilidad de mover objetos con la mente; aunque no siempre consigue mover lo que quiere.

La leyenda del delfín

IMG_20141012_0004La leyenda del delfín, con diversas variantes, viene a demostrar el respeto que el pescador vasco ha sentido siempre por aquel animal. Es tradicional la creencia de que los delfines han guiado a los pescadores hasta los bancos de pesca. Pero también que traía muy mala suerte matar a alguno de ellos.
Lo negativo de los delfines era, empero, que con su actitud juguetona en torno a los barcos, causaban grandes destrozos en la redes. Por eso, según cuenta la tradición, antaño los pescadores hicieron un trato con los mamíferos acuáticos. Ellos guiarían a los humanos hasta los bancos de pesca, pero a cambio los pescadores habían de darles una parte de la captura recogida.
Así transcurrió el tiempo, cumpliendo cada cual lo pactado. Hasta que, en cierta ocasión, un pescador se negó a dar a los animales la parte de pesca convenida. Tan cabreados se sintieron los delfines, que avisándose unos a otros, formaron una gran bandada y la emprendieron violentamente contra las redes de aquel informal, destrozándoselas por completo.
Añade la leyenda que desde entonces, ni el propio pescador que faltó a su palabra, ni sus descendientes, han logrado cosa buena al salir a pescar a la mar. Porque los delfines, año tras año, generación tras generación, acuden a romperles las redes. Y eso sucerá hasta el final de los tiempos.

La leyenda de las gaviotas

IMG_20141005_0001Según cuenta una leyenda procedente del pueblo bizkaino de Ea, hubo antaño un viejo pescador que cada día solía ir a pescar a los acantilados próximos al antiguo cementerio. En cierta ocasión, cuando estaba preparando las carnazas que después colocaría en los anzuelos, se le posó al lado una enorme gaviota y le arrebató buena parte del cebo. Muy enfadado, el hombre juró vengarse del ave.
Para ello, otro día colocó una hermosa carnada en un anzuelo y escondido tras unas rocas, aguardó la llegada de la gaviota. Ésta no sólo no se hizo esperar, sino que cayendo en la trampa, tragó fatalmente el anzuelo. Es pescador, sonriendo, la atrapó con facilidad y le arrancó la cabeza, culminando su venganza.

Aquella noche el pescador tuvo una pesadilla, en la que era atacado por una bandada de gaviotas, que querían vengar a su compañera muerta.
Al día siguiente, el hombre volvió a las rocas a pescar como cada día. Peso se inquietó al ver una bandada de gavotas posadas sobre el muro del cementerio. Pensó en salir corriendo de allí, pero en vez de eso arrojó una piedra a las gaviotas. Al ver que alzaban el vuelo y se alejaban del cementerio, bajó por la senda que conducía a la orilla del mar.
Descendiendo por el camino tropezó con una piedra, cayó al suelo y quedó inconsciente, tumbado boca arriba. Fue entonces cuando la misma bandada de gaviotas, regresando amenazadoramente, fue a posarse sobre él y a picotazos le arrancaron los ojos y le destrozaron el rostro. Más tarde, cuando las aves se hubiesen ido, una gran ola empujó el cuerpo contra los acantilados.